miércoles, 1 de mayo de 2019

Crónica de una Semana Santa en Sevilla (parte 2)

     Aquél que no ha vivido una Semana Santa en Sevilla debería hacerlo alguna vez en su vida. Los días están llenos de olores, de colores, de vida. Las noches, son pura nostalgia, bohemia, recuerdos para guardar en un cajoncito en el alma. No solo se trata de una imagen bíblica paseando por la calle, sino de un festival de cultura, emociones y un ambiente sin igual, que no deja indiferente a todo aquél que visita la ciudad (ya no solo Sevilla, sino cualquier otra ciudad o pueblo). Solamente aquellos que lo han vivido pueden explicar lo que es ese jolgorio de gente viendo pasar la Estrella por el Puente de Triana; esa cantidad de niños pidiendo caramelos (y actualmente hasta el carnet de identidad) a los nazarenos de la Redención cuando pasan por Laraña o esos otros que piden cera entre los tramos de la Virgen de la Concepción cuando suben por la Cuesta del Bacalao. Solamente esas personas saben lo que significa el silencio cuando el crucificado de los Estudiantes (obra culmen de Juan de Mesa), cruza la Plaza de la Contratación o la intimidad que supone ver al Cristo del Gran Poder caminando por Gravina de vuelta a su templo. Y sobre todo, todos los primerizos en esta fiesta cultural, aprenden lo que es el respeto hacia una hermandad, hacia un grupo de personas, cuando el tiempo se tuerce y una hermandad avanza bajo la lluvia a paso rápido para resguardarse mientras la gente aplaude el esfuerzo de la cofradía mojándose con ellos, sin abrir un paraguas hasta que ésta pasa de largo.
     Es difícil también explicarlo en unas pocas líneas, por eso espero que al menos algunas de estas imágenes sirvan de ayuda y, por qué no, de incentivo, para aquellas personas que no han podido vivirlo o aun están con la duda de si hacerlo o no. Que sepan que no hay nada como ver una lluvia de pétalos, oír la cera caliente de un cirio chisporrotear o caer al suelo al moverse o poder decir esa típica frase que muchos decimos: "Huele a Sevilla en primavera".

MIÉRCOLES SANTO


Esta hermana de la hermandad de La Sed observa a un grupo de niños que pide cera cerca de ella.

El Santísimo Cristo de la Sed pasa por Argote de Molina bajo un cielo completamente nublado.

Detalle de los pies del Cristo de la Sed, el único de que procesiona en la ciudad con 4 clavos en los pies en lugar de 3.

Silueta del paso del crucificado bajo la atenta mirada de algunos espectadores.

"Llamas y Cera", primer encendido de un cirio con ayuda de un pabilo.

"Llamas y Cera", una gota perfectamente esférica cae a la bola de cera de una niña, que se protege con un guante.

Este monaguillo sostiene su propia bola de cera mientras un nazareno se la coloca para verter un poco de cera sobre ella.

"Llamas y Cera", un cirio azul, indicador del último tramo de la Virgen de la Consolación

"Miradas", un nazareno se vuelve para mirar el palio al que precede.

La hermandad de La Sed arrastra un barrio entero acompañándola. Esta imagen es un claro ejemplo de ello.

Primer plano de Santa María de Consolación, titular de la hermandad.

Perfil que resalta el colo azul de los ojos de esta imagen.

Aunque sean los últimos de la hermandad, no hay que olvidar a los manigueteros, esos hermanos que acompañan a las imágenes desde cada una de las cuatro esquinas de sus pasos.

Detalle de la Banda Municipal de Música de Mairena del Alcor, acompañantes de La virgen de Consolación.

Crucificado de la hermandad de San Bernardo a su paso por la Cuesta del Bacalao con la catedral de fondo.

Primer plano del Santísimo Cristo de la Salud, titular de la hermandad.

Un grupo de hermanos costaleros siguen al Cristo de la Salud al subir por Argote de Molina.

Gran petalada a María Santísima del Refugio mientras sube la Cuesta del Bacalao.
MADRUGÁ



Una niña, a los hombros de su padre, observa con atención la llegada de los famosos "Armaos" a la Basílica de San Gil.

Una vez dentro, los "Armaos" se preparan en alguna habitación del templo para acompañar al Señor de la Sentencia.

Salida del misterio de la hermandad de La Macarena entre las miles de personas agolpadas en la calle.

Este saetero canta desde un balcón al Cristo de la Sentencia, mientras su sombra queda proyectada en la pared de la basílica.

"Tecnologías", al igual que esta señora, la mayoría de los espectadores graban con sus teléfonos móviles el paso del misterio  de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia por la Resolana.

La Esperanza Macarena bajo el juego de luces y sombras que forman el palio y la candelería.

Perfil de la Esperanza Macarena al pasar por la Resolana.

"Tecnologías", muestra de que casi todos los asistentes quieren guardar algún recuerdo de este momento.




Detalle de los bordados interiores del palio de la virgen Macarena.

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